Esperanza genuina

La escritura de hoy: 1 Pedro 1:3-9

… nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos (v. 3).

A principios de la década de 1960, los estadounidenses preveían un futuro brillante. El joven presidente John F. Kennedy había presentado la Nueva Frontera, el Cuerpo de Paz y la tarea de llegar a la luna. Una economía floreciente hizo que muchos esperaran que el futuro fuera simplemente «disfrutar de la vida». Luego, se desató la guerra en Vietnam, Kennedy fue asesinado, y las normas aceptadas de esa sociedad anteriormente optimista se desmantelaron. No alcanzó con el optimismo; prevaleció la desilusión.

Pero en 1967, el teólogo Jürgen Moltmann, en Teología de la esperanza, presentó una visión más clara. El sendero no era el del optimismo sino el de la esperanza. Dos cosas distintas: el optimismo está basado en las circunstancias, pero la esperanza está arraigada en la fidelidad de Dios, sin que importe nuestra situación.

¿Cuál es la fuente de esta esperanza? Pedro escribió: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos» (1 Pedro 1:3). ¡Nuestro Dios conquistó la muerte por medio de su Hijo Jesús! Esta realidad nos eleva más allá del mero optimismo y nos brinda una esperanza firme y segura… cada día y en toda circunstancia.

De:  Bill Crowder

Reflexiona y ora
Independientemente de que seas optimista o pesimista, ¿qué situaciones te generan preocupación? ¿Qué ventaja tiene la esperanza?
Dios, ayúdame a arraigar mi corazón en tus promesas.

Resolver los desacuerdos

La escritura de hoy: Colosenses 3:12-14

… De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros (v. 13).

La red social Twitter creó una plataforma donde la gente de todo el mundo expresaba sus opiniones en breves segmentos de sonido. Sin embargo, en los últimos años, esta fórmula se ha vuelto más completa a medida que los individuos comenzaron a usarla como una herramienta para reprender a otros por sus actitudes y estilos de vida con los que disienten. Ingresa a la plataforma y encontrarás el nombre de, al menos, una persona que es «tendencia». Clica sobre ese nombre, y verás que millones de personas opinan sobre cualquier controversia que haya surgido.

Hemos aprendido a criticar públicamente desde las creencias de una persona hasta su vestimenta. No obstante, lo cierto es que tal actitud desamorada no coincide con lo que Dios nos ha llamado a ser como creyentes en Cristo. Aunque puede haber desacuerdos, la Biblia nos recuerda que debemos actuar con «misericordia, […] benignidad, […] humildad, […] mansedumbre [y] paciencia» (Colosenses 3:12); y «[soportarnos] unos a otros, y [perdonarnos] unos a otros si alguno tuviere queja contra otro» (v. 13).

Este trato no se limita a aquellos con cuyos estilos de vida y creencias coincidimos. Aun cuando sea difícil, actuemos con bondad y amor con todos, como Cristo nos indica, reconociendo que Él nos redimió por amor también.

Reflexiona y ora
¿Cuál fue el resultado cuando criticaste de inmediato a alguien? ¿Podrías haber actuado diferente, para honrar a Dios y a esa persona?
Padre, ayúdame a ser más como tú.

Volver a las bases

La escritura de hoy: Ezequiel 45:9-10, 17-20

… Dejad la violencia y la rapiña. Haced juicio y justicia… (v. 9).

Pareciera que las resoluciones están hechas para romperlas. Algunas personas ponen humor a esta realidad al proponer promesas para el nuevo año que son —por así decir— realizables. Por ejemplo: saludar a los otros conductores en los semáforos; anotarse en una maratón y no correrla; dejar de posponer cosas… mañana; perderse sin que Siri nos ayude, etcétera.

Sin embargo, el concepto de un nuevo comienzo puede ser un asunto serio. El exiliado pueblo de Judá lo necesitaba desesperadamente. Dios los animó a través del profeta Ezequiel, prometiendo: «Ahora volveré la cautividad de Jacob» (Ezequiel 39:25). Pero primeramente, la nación debía volver a las bases: las instrucciones que Dios le había dado a Moisés 800 años antes. Entre ellas, celebrar el año nuevo. Un propósito destacado de esas celebraciones era recordarles el carácter de Dios y sus expectativas. A los líderes, dijo: «Dejad la violencia y la rapiña. Haced juicio y justicia» (v. 10).

La lección aplica a nosotros también. Debemos poner en práctica nuestra fe; si no, no vale nada (Santiago 2:17). Con la ayuda de Dios, que este nuevo año vivamos nuestra fe volviendo a las bases: «Amarás al Señor tu Dios», y «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37-39).

 

De:  Tim Gustafson

Reflexiona y ora
¿De qué manera sientes que debes volver a las bases? ¿Cómo pondrás esto en práctica en este nuevo año?
Padre, ayúdame a amarte con todo mi corazón y a valorar a los demás más que a mí mismo.

Fe resiliente

La escritura de hoy: Mateo 7:24-27

 

… cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato… (v. 26).

Las dunas que crecían junto a la ribera del Lago Silver hacían que las casas cercanas corrieran el riesgo de hundirse en la arena. Aunque los residentes trataban de mover los montículos en un esfuerzo por proteger sus hogares, observaban desesperados cómo sus casas bien construidas quedaban sepultadas delante de sus ojos. Cuando un oficial local vio que limpiaban una cabaña recientemente destruida, afirmó que el proceso no podría haberse evitado. Por más que los dueños de las casas intentaran evadir los peligros de estos terraplenes inestables, las dunas no brindaban un cimiento firme.

Jesús sabía que era inútil construir una casa en la arena. Después de advertirles a sus discípulos de los falsos profetas (Mateo 7:15-23), les dijo que todo aquel que escucha la sabiduría de las palabras que Él pronunciaba «y las hace, le [compararía] a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca» (v. 24). Sin embargo, el que las oye y decide no obedecerlas, es «un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena» (v. 26).

Cuando las circunstancias parecen sepultarnos bajo el peso de la aflicción y las preocupaciones, podemos poner nuestra esperanza en Cristo, nuestra Roca. Él nos ayudará a desarrollar una fe resiliente sobre el cimiento inconmovible de su carácter inmutable.

De:  Xochitl Dixon

Reflexiona y ora
¿Cómo demuestra la obediencia nuestra confianza en Dios? ¿En qué áreas de tu vida estás parado sobre la arena movediza de la desobediencia?
Señor, ayúdame a desarrollar mi fe.

Cuando el amor nunca termina

La escritura de hoy: Salmo 145:8-20

El Señor guarda a todos los que le aman… (v. 20).

«Cada vez que mi abuelo me llevaba a la playa —recuerda Sandra—, se sacaba el reloj y lo guardaba. Un día, le pregunté por qué lo hacía. Él sonrió y contestó: “Porque quiero que sepas cuánto me importa estar contigo. Solo quiero disfrutar de ti y dejar que el tiempo pase”».

Escuché a Sandra compartir ese recuerdo en el funeral de su abuelo. Fue uno de sus recuerdos favoritos de su vida juntos. Al reflexionar sobre cuán valiosos nos hace sentir que otros nos dediquen tiempo, me vinieron a la mente las palabras de las Escrituras sobre el cuidado amoroso de Dios.

Dios siempre tiene tiempo para nosotros. David oró en el Salmo 145: «Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente. Justo es el Señor en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. Cercano está el Señor» (vv. 16-18).

La bondad y la atención de Dios nos sostienen en todo momento, dándonos aire para respirar y alimento para comer. Por ser rico en amor, el Creador de todas las cosas elabora aun los detalles más intrincados de nuestra existencia.

El amor de Dios es tan profundo e ilimitado que, por su bondad y misericordia, nos abrió en Cristo el camino a la vida eterna en su presencia, como si dijera: «Te amo tanto que solo quiero estar contigo para siempre y dejar que el tiempo pase».

 

De:  James Banks

Reflexiona y ora
¿Cómo refleja tu disponibilidad hacia los demás el amor fiel de Dios hacia ellos? ¿Cómo puedes dedicar tiempo para otros hoy?
Padre, gracias por tu amor perfecto.

El efecto del nuevo comienzo

La escritura de hoy: Colosenses 3:1-10

 

… revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno (v. 10).

Cuando Brenda cumplió 30 años, estaba triste por seguir empleada en un trabajo de ventas que nunca le gustó. Decidió que era hora de no posponer más el asunto y buscar una profesión nueva. La noche de fin de año, David se encontró mirándose al espejo y prometiendo que el próximo año bajaría de peso. Y Santiago, frustrado porque sus ataques de ira no cesaban, prometió que el mes siguiente se esforzaría para cambiar.

 

Si alguna vez prometiste cambiar al principio de un mes, un año o en un cumpleaños especial, no eres el único. Los investigadores le han puesto incluso un nombre: el efecto del nuevo comienzo. Sugieren que en ciertas fechas como esas, somos más propensos a evaluar nuestra vida y dejar atrás los fracasos, para comenzar de nuevo. Al querer ser mejores personas, anhelamos un nuevo comienzo.

 

La fe en Jesús se refiere poderosamente a este anhelo, ofreciendo una visión de lo mejor que podemos llegar a ser (Colosenses 3:12-14) e invitándonos a abandonar nuestro pasado (vv. 5-9). Este cambio no se logra con decisiones o promesas, sino por el poder de Dios. Acudir a Cristo como Salvador es el nuevo comienzo supremo, y no hace falta esperar una fecha especial; tu nueva vida puede empezar ahora mismo (Tito 3:5).

De:  Sheridan Voysey

Reflexiona y ora
¿Cómo has visto el efecto del nuevo comienzo en tu vida? ¿Qué te impide recibir ahora el regalo de Dios de una vida nueva?
Señor Jesús, dejo mis planes para seguir los tuyos. ¡Dame un nuevo comienzo!

Asombro Ante Él Que Descendió

La escritura de hoy: Salmo 8:3-6

«Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, La luna y las estrellas que Tú has establecido,
Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, Y el hijo del hombre para que lo cuides?
¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, Y lo coronas de gloria y majestad!
Tú le haces señorear sobre las obras de Tus manos; Todo lo has puesto bajo sus pies»

Toda persona es asombrada de manera especial por ciertas cosas. Algunos se asombran, en primer lugar, por la última película de Marvel; otros se asombran por la situación económica difícil de sus países, o por el nuevo vehículo de una marca prestigiosa o lo majestuosa que puede resultar la vista de una montaña.

Vale la pena preguntarnos: ¿Cuáles son las cosas que más nos asombran? ¿Qué es aquello que más nos impacta y cautiva nuestros pensamientos y hasta nuestra imaginación? Nuestra respuesta puede revelar qué es lo que más moldea a nuestro corazón y cuál es el estado de nuestra alma. A fin de cuentas, si no nos asombran primero las cosas que deben asombrarnos en primer lugar, eso indica que hay algo en nosotros que no está bien.

En este salmo, vemos a David estallar en asombro ante el hecho de que el hombre, siendo menor que los ángeles y una parte muy pequeña de la creación en comparación a los cielos, ha sido dotado de una dignidad única en la creación. Dios nos cuida y piensa en nosotros, siendo Él tan infinito y santo, siendo nosotros tan pequeños y pecadores.

Pero en este salmo hay más de lo que parece a primera vista. Siglos después de que se escribió, el autor de Hebreos cita este pasaje para hablarnos del descenso de Jesús para nuestra redención y su posterior ascenso a la gloria que siempre tuvo y tendrá (Heb 2:6-8). El Salmo 8 tiene en Jesús su verdadero y mayor cumplimiento. Él es «Aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos» (v. 9).

Aquel que sostiene todas las cosas con el poder de Su Palabra y es heredero de todo, se hizo más pequeño que las estrellas del cielo y los ángeles para sufrir por nosotros y redimirnos, para luego ser coronado de gloria y honor (Heb
1:2-4).

¿Cómo podemos cultivar nuestro asombro ante el Salvador que realizó tal hazaña para rescatarnos?

Reflexiona y ora
Haz una pausa para asombrarte por lo que hizo Jesús por ti, porque cuanto más asombrado estés de tu Salvador más lo amarás.
Padre, acudo a ti, confiando en que me oyes porque lo prometiste.

Preparando nuestro Corazón

La escritura de hoy: Lucas 1:17

«Él irá delante del Señor en el espíritu y poder de Elías PARA HACER VOLVER LOS CORAZONES DE LOS PADRES A LOS HIJOS, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto».

«Él irá delante del Señor en el espíritu y poder de Elías PARA HACER VOLVER LOS CORAZONES DE LOS PADRES A LOS HIJOS, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto» (Lucas 1:17).

 

Las figuras de Elías y Juan el Bautista tienen elementos atractivos que nos hacen valorar sus ministerios. Fueron hombres entregados a la predicación, llamando a las personas a arrepentirse y volver a Dios. Vestidos de forma ruda, pero con una conducta intachable que hasta sus propios enemigos reconocen. Jesús mismo elogió a Juan y confirmó que este era «Elías, el que había de venir» (Mt 11:7-15).

 

Pero aunque la vida y ejemplo de Juan debe alentarnos, más  debe  admirarnos  el  trabajo  de  Dios  por  medio  de él. Hasta el mismo Juan estaría feliz de menguar su protagonismo y dejar paso para que Jesús tome el centro de la escena. Pensar en el ministerio de Juan debe hacernos reflexionar en  el  Espíritu  que  obraba  en  su  ministerio  y nuestro llamado a prepararnos para ser un pueblo siempre dispuesto a adorar al Señor.

 

Fue el Espíritu Santo quien anunció por medio de los profetas  sobre  Cristo,  sus  padecimientos  y  su  redención (1 P 1:12). Fue el Espíritu quien despertó nuestro corazón endurecido para que podamos ser sensibles a la belleza de Jesús. De una manera que apenas logramos entender, nos dio vida y nos llevó al encuentro de Cristo (Jn 3:5-7).

Reflexiona y ora
Haz una pausa para considerar la belleza de Jesús y todo lo que hizo por ti. Pídele que te ponga un corazón sensible hacia él.
Padre, acudo a ti, confiando en que me oyes porque lo prometiste.

¿Dios está Escuchando?

La escritura de hoy:1 Juan 5:13-15


… si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye (v. 14).

Cuando serví en el equipo de asistencia a la congregación de mi iglesia, una de las tareas era orar por las peticiones que dejaban escritas en el banco durante las reuniones: la salud de una tía, las finanzas de una pareja, que un nieto encontrara a Dios. Raras veces oía sobre los resultados de esas oraciones, ya que los pedidos eran anónimos y no tenía manera de saber cómo había respondido Dios. Confieso que a veces me preguntaba: ¿Él realmente escucha? ¿Sucede algo como resultado de mis oraciones?

La mayoría nos preguntamos si Dios nos oye. Recuerdo mis ruegos por tener un hijo, que no tuvo respuesta durante años. Y para que mi padre creyera en Cristo, pero que murió sin haberlo manifestado.

A través de los siglos, hay millares de ejemplos en los que Dios inclinó su oído para escuchar: los gemidos de Israel bajo la esclavitud (Éxodo 2:24); a Moisés en el monte Sinaí (Deuteronomio 9:19); a Josué en Gilgal (Josué 10:14); a Ana por un hijo (1 Samuel 1:10-17); a David para ser librado de Saúl (2 Samuel 22:7).

El clímax está en 1 Juan 5:14: «si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye». La palabra «oye» significa prestar atención y responder tras haber escuchado.

Al acudir a Dios hoy, confiemos en su oído atento. Él oye nuestros ruegos.

De: Elise Morgan

Reflexiona y ora
Haz una pausa para considerar qué fue lo último que le pediste a Dios. ¿Qué te motivó a hacerlo? ¿Cómo puedes saber que Dios te oye?
Padre, acudo a ti, confiando en que me oyes porque lo prometiste.

Un Propósito en el Sufrimiento

La escritura de hoy: Job 42:1-9


… Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job (v. 7).

«Así que dice que tal vez no sea mi culpa». Las palabras de la mujer me tomaron por sorpresa. Tras predicar en una iglesia, conversaba con ella sobre lo que había compartido esa mañana. «Tengo una enfermedad crónica —explicó—, y he orado, ayunado, confesado mis pecados y hecho todo lo que me dijeron para sanarme. Pero sigo enferma, así que pensé que era culpa mía».

Me entristeció su confesión. Le habían dado una «fórmula» espiritual para solucionar su problema, pero se culpó cuando no funcionó. Incluso, tal enfoque ante el sufrimiento fue refutado hace siglos.

Llanamente, la antigua fórmula dice que si sufres, es porque pecaste. Cuando Job perdió trágicamente su ganado, hijos y riqueza, sus amigos aplicaron esa fórmula con él. «¿Qué inocente se ha perdido?», dijo Elifaz, sospechando de la culpabilidad de Job (Job 4:7). Bildad incluso le dijo que sus hijos habían muerto porque él había pecado (8:4). Sin saber la verdadera causa de las tragedias de Job (1:6–2:10), lo atormentaron con razones simplistas para su dolor. Más tarde, Dios los reprendió (42:7).

El sufrimiento es parte de vivir en un mundo caído. Puede suceder por razones que nunca sepamos, pero Dios tiene un propósito para ti más allá de tu dolor. No te desanimes cayendo en fórmulas simplistas.

De: Sheridan Voysey

Reflexiona y ora
¿De qué otro modo ves que se usa la fórmula «sufrimiento = pecado»? ¿Por qué piensas que sigue teniendo tanta vigencia?
Médico supremo, dame palabras para sanar, no para lastimar.